Cuando el estrés de la recesión económica afecta la salud mental en las organizaciones, puede haber problemas de ánimo que reducen la productividad y eficiencia. Ausentismo, deficiente ejecución de tareas y en general daños tangibles al ambiente organizacional son algunas de las potenciales consecuencias.
Tan solo en Estados Unidos se producen anualmente pérdidas de alrededor de USD $210 billones, asociadas a la reducción de un 35% de los niveles de productividad como consecuencia de colaboradores con episodios de depresión no resueltos y otros problemas de salud mental, de acuerdo con la American Psychiatric Association.
En este sentido, centrarse en la salud mental de las organizaciones es fundamental en la gestión cotidiana, cobrando una relevancia especial en tiempos de crisis como la actual recesión. Pero, ¿cómo hacerlo? A continuación profundizamos en el tema.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la ansiedad, el estrés y la depresión de los trabajadores afectan directamente la productividad de una compañía. Uno de los elementos especialmente peligrosos es el efecto dominó o contagioso que pueden tener estas problemáticas en los círculos sociales, incluyendo las plantillas laborales.
Sin embargo, la Sociedad para la Gestión de Recursos Humanos (SHRM son sus siglas en inglés) expone que cada organización que invierte en soluciones, tratamientos y herramientas para la prevención y atención de estos casos, recupera el triple de lo invertido, pues mejora la productividad y la salud de sus colaboradores.
Esto demuestra que, en las compañías de hoy, es necesario entender que la salud mental de los colaboradores y su felicidad están estrechamente ligadas con la producción y el desempeño laboral.
Los gerentes de recursos humanos deben saber identificar señales de estrés, angustia, depresión y otros problemas emocionales. Estos problemas afectan la vida y el rendimiento de los empleados.
Las capacitaciones, información y apoyo son importantes para prevenir problemas. También es útil tener programas de bienestar y un propósito organizacional social para que los trabajadores se sientan identificados.
Cada vez son más las organizaciones que invierten y se concentran en mejorar la gestión de recursos humanos con prácticas centradas en el bienestar. Además del enfoque social que están asumiendo muchas compañías hoy, los beneficios asociados a una plantilla de trabajadores feliz y emocionalmente estable motivan a las organizaciones a tener este elemento como prioridad.
Algunos beneficios de la salud mental en las organizaciones son los siguientes:
Mayor productividad: un empleado sin condicionantes crónicas de salud mental no solo puede mantener su nivel de productividad, sino aumentar producto de la satisfacción que le genera a largo plazo su ambiente labora.
Menor ausentismo: los programas de salud logran mitigar el ausentismo laboral. De acuerdo con el Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional (NIOSH) de Estados Unidos, los problemas mentales están entre las tres principales causas del ausentismo, junto a las responsabilidades familiares y enfermedades de otras índoles.
Mayor retención: el estrés y agotamiento de los empleados están entre los principales causantes del fenómeno actual de la gran renuncia, según estudios analizados por el Workplace de Meta.
Disminución de los costos de atención médica: cuando una organización invierte en salud mental, reduce los gastos de atención médica por enfermedades cardiovasculares y metabólicas, según la Sociedad para la Gestión de Recursos Humanos.
Invertir en salud mental tiene varios beneficios para la organización. Mejora la gestión del talento y crea un ambiente propicio para que los colaboradores aporten valor a la compañía y sus objetivos.
La salud mental en las organizaciones requiere del esfuerzo de todas las partes involucradas, ya sean líderes, gerentes o colaboradores. Cada una de las partes es importante para lograr los objetivos propuestos y alcanzar el éxito deseado. Algunas acciones claves a emprender son las siguientes:
Por eso, la salud mental debe ser una prioridad para fomentar la confianza, la transparencia y la apertura. El miedo y la vergüenza a hablar sobre trastornos del estado de ánimo y otras temáticas psicológicas suelen ser trabas que intimidan a los colaboradores. Ignorar o bloquear esta realidad, que en algunos casos puede considerarse incluso tabú, impide que una organización cuente con una cultura libre de estigmas y centrada en el bienestar.
Por ello, es necesario crear espacios de diálogo, información y tratamientos alrededor de los que pueda generarse un ambiente laboral solidario. Brindar beneficios de seguros médicos que faciliten el acceso a servicios de profesionales de la salud, incluyendo psicólogos, puede ser una acción práctica que respalde este tipo de conversaciones.
Pertenecer a algo grande, de impacto tangible para la sociedad, es mucho más motivador que percibir que simplemente se trabaja a cambio de un salario. Un propósito empresarial muy bien establecido puede ayudar a que el colaborador sienta ese valor agregado en su vida laboral.
El propósito es la definición del impacto que desea causar la organización con el cumplimiento de su actividad y servicio, más allá de simplemente generar ingresos o llegar a un determinado nivel de posicionamiento.
No solo debe haber una conversación abierta en la compañía con la finalidad de prevenir potenciales trastornos afectivos y controlar potenciales angustias y preocupaciones de los colaboradores. También es fundamental construir un plan de respuesta en caso que se identifiquen problemas de salud mental crónicos y de gran impacto, con la orientación de profesionales de la salud.
Esto incluye seguimiento del colaborador afectado, definición de una política de días libres o flexibilidad y recomendaciones que puede dar la compañía, entre otras acciones.
Sobre la salud mental en las empresas, en tiempos de incertidumbre financiera, es importante recordar las conclusiones de este artículo:
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